A medida que los niños crecen y cambian, también lo hace su comportamiento. Mostrar a tu hijo a comportar adecuadamente es una tarea que requiere tiempo y paciencia, y Pediatric Associates está aquí para ayudar. Sigue leyendo para aprender cómo disciplinar a tu hijo y gestionar eficazmente los problemas de conducta.
Table of contents
- Introduction
- La disciplina es mostrar, no castigar
- Establece reglas y expectativas claras y consistentes
- Usa refuerzo positivo
- Ofrece opciones cuando sea apropiado
- Modela el comportamiento que quieres ver
- Emplea los tiempos muertos de forma eficaz
- Muestra habilidades para resolver problemas
- Sé adecuado a tu edad y realista en cuanto a su desarrollo
- No esperes perfección
- Crea una rutina previsible
- Saber cuándo buscar ayuda conductual
La disciplina es mostrar, no castigar
El objetivo de la disciplina no es herir, avergonzar ni asustar a tu hijo. En cambio, la disciplina está pensada para mostrar a tu hijo la diferencia entre el bien y el mal y cómo practicar el autocontrol. La disciplina también ayuda a mantener a tu hijo seguro, especialmente cuando es demasiado pequeño para dar del peligro de ciertas situaciones.
Disciplina vs. castigo
El castigo pretende detener un comportamiento negativo imponiendo a tu hijo una penalización que le haga lo suficientemente infeliz como para dejar de hacer lo que está haciendo.Con el castigo, el padre tiene el control, al menos por el momento.
El mensaje: "Tienes que dejar de hacer eso, está mal."
Tu hijo aprende: Su comportamiento debe ser controlado por ti, y deben tener cuidado de no ser descubiertos si quieren evitar las consecuencias.
La disciplina busca corregir un comportamiento negativo dando a tu hijo una consecuencia lógica por su error. Al igual que el castigo, este enfoque proactivo detiene el comportamiento en el momento. Pero en lugar de que el padre tenga el control, la disciplina pone al niño en control de su propio comportamiento y decisiones, para que aprenda a comportar de forma diferente en el futuro.
El mensaje: "Esto es lo que puedes o deberías hacer en su lugar."
Tu hijo aprende: Pueden gestionar su propio comportamiento mediante el autocontrol, y necesitan hacer cambios si quieren evitar las consecuencias.
Aquí tienes un ejemplo de disciplina positiva. Tu hijo te lanza un juguete. Un castigo típico sería un rotundo "¡No!" y quitar el juguete el resto del día. En cambio, dices: "Lanzar juguetes puede hacer daño. Almacenaremos el juguete por ahora."Luego le explicas a tu hijo que, si quiere recuperar el juguete, no debe tirarlo de nuevo.
Establece reglas y expectativas claras y consistentes
La estructura es vital para el desarrollo de tu hijo, proporcionándole la sensación de seguridad y previsibilidad necesarias para aprender autodisciplina y relacionar con los demás. Sé claro con tus normas y aplícalas de forma consistente, para que tu hijo sepa qué se espera y cuáles son las consecuencias si se comporta mal. Habla con familiares, profesores y otros cuidadores para cerciorarte de que también usan la misma coherencia.
Usa refuerzo positivo
Un poco de refuerzo positivo puede hacer mucho, especialmente para los niños.
El refuerzo positivo no es lo mismo que la coima, que es una oferta hecha para fomentar comportamientos positivos en tu hijo. En su lugar, el refuerzo positivo se da luego de que el comportamiento positivo ya ocurrió.
El refuerzo positivo para los niños suele implicar recompensar su comportamiento con elogios verbales, afecto físico (como un choque de manos o un abrazo), privilegios u objetos tangibles (como un tentempié o juguete favorito).Sé específico sobre lo que hicieron para merecer el refuerzo positivo – por ejemplo: "Me encanta cómo compartiste tus juguetes con tu hermana."
Muchos padres emplean tablas de recompensas para seguir el progreso de su hijo hacia un objetivo concreto, lo que fomenta la repetición y fomenta la confianza. Una vez llenada la carta, el niño recibe su recompensa.
Ofrece opciones cuando sea apropiado
Ofrecer opciones es otra forma de promover comportamientos positivos. Se pueden ofrecer opciones en innumerables entornos, desde comidas hasta tareas domésticas y tiempo de juego. Dar pequeñas opciones a tu hijo (como "¿Quieres el vaso rojo o el azul?") puede reducir las luchas de poder y ayudarlo a sentir más en control.
También es posible combinar refuerzo positivo con elecciones si motivan a tu hijo. Por ejemplo, "Como hiciste la cama toda la semana, puedes elegir qué cereales quieres para desayunar esta mañana."
Modela el comportamiento que quieres ver
Los niños aprenden observando. Intenta mostrar respeto, paciencia y amabilidad en tus interacciones con los demás, incluyendo cómo manejas la frustración y la ira. Si reaccionas a situaciones estresantes gritando o teniendo un estallido propio, tu hijo es más propenso a imitar ese comportamiento. Busca ayuda si tienes problemas de autocontrol o temperamento, y anima a otros en la vida de tu hijo a hacer lo mismo.
La disciplina de cualquier tipo funciona mejor cuando se imparte con calma y firmeza. Haz una pausa y respira hondo varias veces para recuperar la compostura si es necesario. Evita los azotes y otros castigos físicos que pueden agravar el comportamiento negativo y dañar tu relación con tu hijo.
Emplea los tiempos muertos de forma eficaz
Un breve tiempo fuera (normalmente 1 minuto por año) puede ayudar a tu hijo a calmar y reflexionar sobre su comportamiento. Debería ser un descanso silencioso, no punitivo, no una experiencia avergonzante. Recuerda siempre centrarte en el comportamiento, no en el niño. En lugar de decir "eres malo", el tiempo fuera debería abordar la acción de tu hijo ("Ese comportamiento no está bien").
Los tiempos fuera son mejores para comportamientos agresivos, romper cosas o negar a seguir las indicaciones que los mantienen seguros. Explica con firmeza por qué tu hijo va a un tiempo muerto ("Tienes que ir a un tiempo muerto porque golpeaste a tu hermano"), luego llévalo a un rincón o espacio tranquilo designado y comienza el temporizador.
No des sermones, regañes, discutas ni prestes exceso de atención a tu hijo durante el tiempo muerto. Si se marchan del tiempo muerto antes de que se acabe el tiempo, guíalos de vuelta con calma, resetear el temporizador y repite según sea necesario.Una vez terminado el tiempo fuera, dale a tu hijo la oportunidad de comportar adecuadamente y, si lo hace, elogia su cooperación.
Muestra habilidades para resolver problemas
Los niños de todas las edades se enfrentan a problemas cada día, lo que convierte la resolución de problemas en una habilidad importante para aprender, incluso cuando son pequeños. Con el tiempo, aprenderán a resolver problemas por sí mismos. Pero por ahora, la disciplina es una excelente oportunidad para ayudar a tu hijo a identificar sentimientos, expresarlos adecuadamente y encontrar soluciones juntos.
Expone el problema – Define clara y con calma cuál es el problema.
Haz una lluvia de ideas – Anima a tu hijo a proponer soluciones. ("La próxima vez que estés enojado, ¿qué puedes hacer en vez de pegar?")
Elige la solución – Acordaos en la mejor solución para probar.
Emplea la solución – Pregunta a tu hijo si cree que la solución funcionó y refuerza cualquier comportamiento positivo.
Sé adecuado a tu edad y realista en cuanto a su desarrollo
Siempre ten en cuenta la edad y la etapa de desarrollo de tu hijo al gestionar problemas de conducta.Por ejemplo, lo que parece desafío en un niño pequeño podría ser una prueba normal de límites para su edad.
Saber disciplinar a un niño de 2 o 3 años es muy diferente a disciplinar a un niño en edad escolar.Cada rango de edad de la infancia tiene su propia disciplina, enfoque y método(s) que funcionan mejor:
Bebé (0-1 año)
Enfoque: Crear un entorno seguro
Método: Redirigir suavemente de comportamientos no deseados (por ejemplo, si tu bebé busca un objeto peligroso, rediriges su atención hacia un juguete seguro)
Niño pequeño (1-3 años)
Enfoque: Mostrando comportamientos básicos y lo que está bien y lo que está mal
Métodos: Redirigir de comportamientos no deseados, usar palabras como "cuando" y "entonces" ("Cuando almacenes tus juguetes, entonces puedes tomar un tentempié"), y reforzar el comportamiento positivo
Preescolar (3-5 años)
Enfoque: Comprender las normas y las consecuencias
Métodos: Usar castigos (1 minuto por año de edad) y otras consecuencias por comportamientos no deseados, ofrecer opciones limitadas y reforzar el comportamiento positivo
Niño en edad escolar (6 años en adelante)
Enfoque: Responsabilidad de aprendizaje y autocontrol
Métodos: Relacionar la disciplina con el comportamiento, demostrar el bien y el mal con palabras y acciones, debatir
No esperes perfección
Al igual que los padres, todos los niños cometen errores. La disciplina se trata de esfuerzo constante y progreso, no de perfección. Perseguir la perfección suele llevar a la ansiedad y la decepción. ¡Pero el progreso siempre es posible!
Desglosar grandes objetivos de comportamiento en pasos más pequeños y manejables puede ayudarte a ganar impulso. Céntrate en celebrar pequeñas victorias, lo que también permite aprender y crecer.
Crea una rutina previsible
Las rutinas previsibles ayudan a los niños a sentir más seguros y reducen las oportunidades de que actúen mal debido al hambre, el cansancio o la sobreestimulación. Al saber qué esperar, sienten un mayor control y pueden aprender a gestionar sus emociones con mayor facilidad, con mejor comportamiento y menos luchas de poder.
Tener un horario constante para actividades como despertar, las comidas, el juego y la hora de dormir también fomenta hábitos saludables y mejora la gestión del tiempo de tu hijo, una situación en la que todos ganan.
Saber cuándo buscar ayuda conductual
Todos los niños tienen días malos, pero no ignores señales de advertencia como la agresividad, la rebeldía, el retraimiento, la tristeza extrema o las rabietas frecuentes.Los niños más pequeños pueden ser más disruptivos, mientras que los mayores pueden tener dificultades en la escuela o expresar pensamientos negativos sobre su autoestima. Problemas de salud mental como la ansiedad o el TDAH también pueden influir en el comportamiento de tu hijo.
La intervención temprana y el tratamiento oportuno para problemasde salud conductual pueden marcar una gran diferencia. Es importante hablar con franqueza con tu Pediatra sobre estos problemas, para que puedan abordar antes de que se agraven.
Si el comportamiento de tu hijo es frecuentemente negativo, grave o afecta su capacidad para funcionar en casa, en la escuela o con sus colegas, contacta con tu Pediatra o con un especialista en conducta infantil lo antes posible para recibir apoyo profesional.
El comportamiento en cada encuentro no es una situación de ganar o perder. Más bien, es un continuo de oportunidades para llevar a tu hijo a cualquier edad, a un lugar donde pueda entender, implicar y luego disfrutar de los resultados positivos de su acción.